Baile infinito
El amor y el odio siempre de la mano, formando esa extraña pareja que baila esa ancestral danza que parece no tener fin. El tempo de la música se acelera, sus manos se cogen con más vigor y se miran con más fiereza . Los bailarines aceleran su danza a ese ritmo rápido, violento y caótico; no se ven sus pasos, ni sus vueltas, ni sus giros.
Los bailarines se van apartando de la pista, dejando solos a la extraña pareja; la alegría y el júbilo, la tristeza y la depresión, la rebeldía y la sumisión. Todos miran con terror esa antigüa batalla que ninguno podrá ganar. De repente en medio de esa guerra, sus sudorosas manos resbalan en un violento giro y se sueltan de ese abrazo inmortal, alejándose el uno del otro. La música se para violentamente a la vez que ese infinito baile. Los dos bailarines se miran en un inmenso silencio con sus manos en el aire, sin saber que hacer, sin poder tocarse y ni siquiera rozarse. El amor con lágrimas en los ojos avanza hacia el odio que aunque le traspasa con su gélida mirada, no puede apagar su cálido candor. Los bailarines se miran asustados y apremiantes, pero ninguno hace nada. Solo rompe el tenso silencio el tañido de las campanas que rompen y marcan su propio tempo. El amor sigue avanzando, sin hacer caso al hielo o al frio que sus inalterables andares derriten. Alza su mano anhelando su mitad y el odio la estrecha con fuerza en sus brazos con lágrimas en los ojos, en ese ancestral abrazo como si nada hubiera sucedido jamás. Suena la música y sus notas trepan y flotan entre las parejas que siguen con ese baile que parece no acabar nunca, como si nada existiera y no hubiera ningún mañana. La extraña pareja no baila, solo se balancea, con miedo a perderse y a separarse en ese inmeso mar, en ese infinito baile.
mLo
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